Es todo lo que tenemos

Escribo durante la medianoche entre el primer y el segundo día del año dos mil veintiséis, con el proyecto o la ambición de hablar en un texto acerca de las cosas que más me han interesado durante el año pasado (dos mil veinticinco, 2025, 2k25, MMXV, etc.) en cuanto a, ¿cómo referirme a ello?, "obras de arte".

Este año, por ejemplo, me he preocupado como llevaba muchos sin hacer por escuchar "novedades musicales". Las opiniones sobre éstas, o sea discos publicados durante el trascurso del año, son algo susceptible del influjo de modas y a veces es complicado entenderlas desde la misma perspectiva con que se escucha un disco publicado hace sesenta años (precisamente empezará ahora ese mismo aniversario del mejor que se haya publicado nunca) y eso me hace escéptico, pero no todos somos suficientemente cartesianos como para saber resistir y a veces caemos víctimas de las prisas.

Precisamente soy sospechoso de haber caído en modas (¿fashion victim?), no soy precisamente el único en coronar a Geese este año, pero tampoco sería sincero colocar ahí ningún otro disco: es del que más he hablado y querido hablar, del que más veces me he acordado inesperadamente... No creo que sea tan radical o bizarro como se ha pintado en muchos sitios, pero sí creo que la banda, además de hacer con mejor gusto que nadie cosas que se intentan hacer habitualmente, es suficientemente original en su repertorio de referentes como para diferenciarse, además de contar con un cantante capaz de llevar a cabo con su voz proezas reservadas a muy pocos. De todos modos, aunque no planeo pararme a escribir de cada uno, sí quiero decir que, por ejemplo, el disco de Cuneiform Tabs efectivamente es algo con referencias mucho más difíciles de rastrear y se reserva quizá unos misterios mayores, donde la brillantez y capacidad de la banda para encandilar con cosas no oídas antes, con sonidos nuevos y calmados, quizá me haga pensar en ciertos discos de Low, tranquilos al mismo tiempo que arrasan o dejan anticuados a montones sin requerir ninguna violencia, o incluso de Animal Collective. La voz de Amanda Shires es quizá un placer poco cerebral: no puedo olvidar la sensación de absoluta felicidad y satisfacción cuando escuché por primera vez "A way it goes" camino del tren a la universidad en una mañana francamente fría. Algo parecido pasa con un disco que creo es algo peor, aunque lo he escuchado sin parar desde verano: "Spanish leather". Sus sonidos son tan impresionantes, los recovecos que se encuentran en la voz del cantante, que no puedo sino rendirme a ellos. El disco citado de Friendship contiene "Resident evil" que creo que es la mejor canción publicada este año (quizá irónicamente, pienso que podría cantarla muy bien Cameron Winter), aunque "Switch over" del de Horsegirl no le va muy a la zaga, o un par de los discos de Ariel Pink y Jeff Tweedy, si bien el primero puede estar ligeramente lastrado por un comienzo más flojo que su desarrollo y el segundo sea excesivo en su cantidad de material. Brilla entonces, por su destacada posición, el EP de .bd.,  quizá la música por la que más he obsesionado este año después del álbum de Santiago la Barca (que no se publicó este año pero es de vigencia eterna). Tras verlos actuar en agosto en Oviedo -un concierto absolutamente catártico- no podía olvidar sus canciones que, publicadas poco después, pueden saber a poco (el EP sólo cuenta con cuatro), pero se sienten como mundos inmensos en cuyos leitmotivs perderse para siempre, en parte gracias a la hipnótica voz de su cantante. Actuaron de nuevo en el Kuivi, cuyo destino es ahora incierto gracias a las peleas de perros en el ayuntamiento, y volvió a ser fascinante.


Es pertinente escribir que pude este año acudir a multitud de conciertos: desde Slowdive, The Jesus and Mary Chain y Primal Scream en un festival gallego hasta multitud de actuaciones de pequeñas bandas de amigos (Ferrocentro Club, que lo son, es quizá uno de los mejores grupos que ver actuar; también La Fuente de Duchamp ha sido responsable de momentos en directo difíciles de olvidar). El de Slowdive fue, pienso, realmente uno de los momentos más increíbles de mi vida y de alguna forma sentí estar descubriendo nuevas partes de mis orejas, nuevas formas de oír que sólo necesité para escucharlos a ellos. También creo sincero reseñar el festival de Cimatario Fuexo Recordings, en Nava, que fue una ocasión realmente única y exhaustiva de ver actuar a diez artistas y grupos sin necesidad de grandes entramados industriales. Por ejemplo, allí descubrimos a Sofoquina, un hallazgo que creo hubiese sido difícil de otro modo. El otro concierto importante este año desde mi perspectiva de persona que recuerda fue el de Marcelo Criminal y Autoescuela en la difunta Salvaje, acerca del cual escribí esto hace unos meses para un fanzine de mi amiga Simone. Fue un día realmente feliz para mí en que pude ver actuar, rodeado de amigxs, a dos artistas de los que más escucho y que, al final, incluso tocaron cinco canciones juntos.

A diferencia de con la música, este año vi poquísimo cine de estreno, en parte porque vi menos cine que otras veces, en parte porque la programación cada vez deja más que desear, etc. En cambio, hice hallazgos absolutamente apasionantes de obras anteriores, que no me he molestado en reunir u ordenar pero que resumo con brocha gorda en este mensaje que, sin mucho trabajo, envié a un grupo de amigos en nochevieja cuando me pidieron mis cinco descubrimientos preferidos del año:


No querría escribir ahora sobre ellos porque no hablé de música escuchada que no fuese actual y aquí no aparece listada ninguna película siquiera de este siglo, por lo que dedicaré mis esfuerzos a dedicarles las siguientes líneas a las películas nuevas que sí he encontrado valiosas. Para ello, reconozco que será importante comentar mi presencia en el Jurado Joven de la última edición del FICX, al que estuve cerca de dedicarle una entrada realmente poco esperanzadora hace cerca de un mes en este blog. Allí, aunque entre entre cantidad de mugre, se proyectaron: "Así chegou a noite", "Tolos fueos el fueu", "Fuck the polis", "Vetre, pričaj sa mnom", "Blue moon", "Little boy", "Descubrir el rayo, tus ojos tiemblan", "Baisanos", "El día que tal", "Commute", "Si el silencio fuera azul" o "Koki, ciao", así como una sesión dedicada al cine de Elena Duque que incluyó la proyección en 16 mm de varias de sus películas. La película de Ángel Santos, de cuya autoría tampoco puede excluirse a su coescritor Pablo García Canga, me parece de las más logradas del cine reciente, con sus diálogos cansinos y sonados silencios, que no sólo recuerda cómo es fácil pensar, a Antonioni sino también a obras sobre la convivencia como podrían serlo las de Capra o incluso ciertos Lubitsch de los años 40. 
Por otro lado, creo que la película nueva en que más he pensado este año ha sido "O costume do traballo", de mi amigo Luis Morla, acerca de la cual fue de la única de que me sentí capaz de escribir algo digno cuando tuve que hacerlo al presentarme a jurado del festival, diciendo lo siguiente:

Tengo la suerte de que la película estrenada este año que prefiero es responsabilidad de mi amigo Luis Morla y se titula O costume do traballo. Encuentro que durante sus 14 minutos brotan naturalmente los ecos de la historia ferrolana, haciendo uso de técnicas tan claras como el agua que, al comienzo de la cinta, revela un bonito collage tras una servilleta. No debería sorprender entonces que la película resulte intrigante y misteriosa como muchas obras que, desde su creación, se saben más breves de lo que haría falta para desgranar todo lo que podrían. Resulta imposible trazar los límites de lo que trata o deja de tratar: como en todas las buenas películas, de ficción, documentales o de cualquier otra clase, sus imágenes se propagan en todas direcciones, partiendo de unas convicciones claras y rodando preguntas acerca del mundo que muestran. Los ritmos presentes en la película son múltiples y hacen al estatismo de sus planos respirar con vida propia: las palabras que, atropelladas o lentas, pronuncia el trabajador de los astilleros, las imprevisibles velocidades del recorrido en coche final... relegan a su autor al puesto de inteligente observador que, pensante, hace justicia a un mundo que duele creer.


También, por unir dos películas nuevas, me gustaría decir que vi durante mis vacaciones en Vigo "Suyucheon", el último estreno en territorio español de Hong Sangsoo (también llegó a salas la destacable "Yeohaengjaui pilyo"), que pienso que es quizá su obra más importante desde hace más de diez años y en que más se vuelca como autor e intérprete. Escribí sobre ella en letterboxd y lo vio Sohu, a quien me agradó mucho conocer en persona y de quien "Desencanto" (ó, más concretamente, "DESENCANTO: ás veces síntome o puto amo, pero hoxe só me sinto un puto :( ") es sin duda una de las obras más impresionantes de este año. Son ambas películas que miran de cara al drama para poder hacerle frente y, si bien lo hacen con dos estilos absolutamente distintos, consiguen hacer brotar momentos de gran emoción inesperadamente que son realmente formas de hablar del mundo del que se valen, encontrando también gran belleza en sus imágenes siguiendo caminos fascinantes. Creo que, con estas menciones y, quizá añadiendo "A complete unknown", no puedo pensar en más estrenos cinematográficos que haya visto y encontrado suficientemente interesantes, excepto dos pequeñas películas: "There was a darkness" y "The cemetery of Sainte-Colombe", donde la falta de medios se palia encontrando la provocación, el interés, en saber mirar, encuadrar y el tiempo que deben durar unas imágenes, cómo hacerlas sucederse. "A dream once lost among sorrow and joy" o "Running fields", también de Joseph Grimault y Flo Mavy, son otras obras de las que dejar constancia.
De todos modos, creo que lo más importante en cuanto a cine a mi alrededor ha sido el desarrollo del paisaje cineclubero en Asturias, entre Maché, La Quimera y el Cineclub del Milán se perfila un horizonte más bonito que el de festivales o programación institucional donde el riesgo apunta hacia infinitos negativos y el interés de sus responsables está en cualquier sitio excepto en el cine. Se puede considerar que en estos espacios se da la oportunidad de hablar de cine de forma abierta y crítica, curiosa y valiosa, lo que valoro muy positivamente. También reconozco que un momento grande fue cuando Luis, Víctor y yo viajamos a Madrid para ver "disintegration loop 1.1" en Cineteca, donde conocí a mucha gente con quien tenía lazos virtuales tejidos desde hace tiempo y pude contemplar una película que, si no está en la lista de la imagen anterior, es sólo por amnesia


Debo decir que la literatura y yo, sin tener ninguna clase de enemistad, no guardamos todo el trato que deberíamos, y que tan sólo he leído un libro publicado este año, aunque he sido muy feliz conociendo a Rimbaud, una de mis principales arrebatadores este verano, y a Tintín (de esto hay constancia en este mismo blog). Leí más poesía (Prévert, Kiarostami, Eliot, Éluard) y una excelente biografía de Bob Dylan por Howard Sounes, también "Política de los actores" de Luc Moullet y, en esa misma línea, "Muy de la casa" de João Bénard da Costa. Los tres son libros sobre grandes actores que, en distinto grado, tratan de acabar y reconstruir con sus logros como intérpretes y embaucadores. El gran lanzamiento, desde mi punto de vista, en materia literaria en 2025 fue el libro de Miguel Marías acerca de Luis Buñuel, un proyecto que llevaba siglos necesitando de apoyo editorial que, si bien finalmente puede dejar que desear, merece ser publicado como obra del más importante crítico cinematográfico de España. Su análisis de las películas, aunque certero, no se desarrolla tanto como debería y muchas veces queda en resúmenes o explicaciones sencillamente más agudas que unas hechas por ojos inexpertos, pero que pocas veces ahondan en las obras y aquello que las hace especiales, lo que es algo decepcionante tratándose la obra de Buñuel (que vi por completo antes del lanzamiento de este libro) de una de las más plagadas de misterios de toda la historia del cine. Me hizo mucha ilusión poder ver en persona a Marías hace unos meses introduciendo "Alphaville" de Godard en Gijón y que me firmase su libro acerca de Leo McCarey. También sigo con entusiasmo la publicación en siete volúmenes del manga de "Kaze no Tani no Naushika", otro de los prodigios de Miyazaki que ayuda a ver de forma aun más amplia esa primera etapa de su obra, con una técnica maestra para la narración visual que resulta impresionante para alguien que aún no se había dedicado al cine. Otro libro de un autor cinematográfico que pude leer este año fue el diario de sueños de Stan Brakhage editado por Lumiére, una puerta de entrada más a las porosas e insondables obras de su autor. Su cine, del que este diario sin duda participa, respira al mismo ritmo que él pero camina por sí sólo, instalándose como un clásico, como un mito, en el mundo donde se inscribe al tiempo que emana.


Creo que con esto doy por sentenciado un texto que termino de escribir demasiado tarde, centrándome en la actualidad después de dejarme esta noche deslumbrar por "A countess from Hong Kong" (que ahora mismo podría incluso preferir a "Monsieur Verdoux" como obra máxima de Chaplin) y con la opinión de que me ha quedado bastante mal hilado, que puede ser poco más que una retahíla de títulos poco camuflada o que no he dicho nada de valor de todo esto. El caso es que me apetece enfrentarme al año nuevo con curiosidad e interés por lo que pueda en él ofrecer el mundo, en concreto por lo bueno que pueda ofrecer, y siento que dejar constancia de lo bueno que dejó durante el último tiene entonces sentido.

Comentarios